El pequeño queso que compite con los más grandes

La mini-torta de Finca Pascualete se llevó la medalla Super Gold en los World Cheese Awards de 2011 celebrados en Birmingham (Reino Unido), un certamen que convoca la friolera de 3.000 quesos procedentes de 29 países. Apenas 50 quesos de todo el mundo comparten el galardón, con el hándicap añadido de ser esta cremosa torta de Trujillo el queso más pequeño en recibirlo, con apenas 140 gramos y un precio de mercado de 5,50 euros. Así se premiaba también la labor de toda una vida de una quesería artesanal de lo más singular y rebosante de historia

La torta extremeña se elabora con leche cruda de oveja y un cuajo vegetal característico de los quesos de aquella región, que también comentamos en este artículo de gastronomía de Extremadura. En el caso de Pascualete, cada torta se prensa manualmente y se voltea diariamente hasta que adquiere el punto justo de madurez. Se recomienda consumir a temperatura ambiente, removiendo la corteza por arriba y accediendo al queso casi líquido de su interior, perfecto para untar y alimentar la adicción de los cheese lovers. En boca, es todo un manjar suave al paladar que transmite sabores persistentes, decididos y cierto carácter rústico que revela su producción 100% natural.

La minitorta tiene una versión de tamaño más estándar, pero se valora de esta opción que madura de distinta manera aportando una mayor complejidad aromática, además de la comodidad de una mejor conservación una vez abierto.  Siguiendo su ejemplo, en Pascualete apuestan cada vez más por quesos en formatos pequeños, ideales para acabarse pronto entre pocos comensales, por ejemplo bien acompañados de pan tostado y vino, y en distintas variedades de madurez, texturas y sabores. El abanico quesero lo componen esencialmente seis variedades que detallamos aquí (fichas técnicas al clicar):

  • La famosa Torta ya comentada, en packs de 140, 450 y 900 gramos.
  • El queso Bruma de Trujillo, cuya denominación ya refiere a su untuosidad y ligereza, con blanca corteza enmohecida.
  • Los que nos gustan los quesos más curados tenemos el Cumbre de Trujillo, de gran riqueza aromática.
  • El Monte de Trujillo es suave con toque picante, notas a heno y hierbas naturales, versátil en la cocina.
  • El queso Pascualino, de textura más consistente y notas florales.
  • El queso Pastura pone el acento italiano, ya que se inspira en una receta de la Toscana.

Los quesos de Finca Pascualete entrarían geográficamente en la Denominación de Origen de  la archiconocida Torta del Casar, y desde luego degustando sus productos nadie se atrevería a decir que les falta calidad para representarla, sin embargo la empresa han decidido de momento prescindir de esa etiqueta. Aparentemente, existen ciertas discrepancias sobre los mecanismos de concesión de este distintivo, pero no han sido óbice para estar presente en tiendas de las principales ciudades españolas y otros países.

Tras estos quesos se encuentra el trabajo de muchas generaciones, empezando por la familia Figueroa, enamorada de la dehesa extremeña y que respeta el proceso de elaboración tradicional, desde la cría y alimentación del ganado ovino al tratamiento de la leche y el final empaquetado manual de cada pieza.

❦ Un historia singular

La biografía de la principal impulsora de la producción de quesos Finca Pascualete goza del romanticismo propio de un personaje novelesco: Mary Aline Griffith Dexter, nacida en Nueva York en 1923, titulada  en Periodismo y trabajando de modelo (pagaban más), fue contratada en 1943 por los servicios secretos estadounidenses y enviada a España a servir de espía. Con la Segunda Guerra Mundial de telón de fondo y la dictadura de Franco recién instaurada en un país arrasado por la guerra, hizo su aparición en la high society madrileña esta americana desconocida.

Su carácter abierto y elegante le permitió moverse como pez en al agua, pero fue su conexión privilegiada con el otro lado del Atlántico la que facilitó lujos como el whisky, los cigarrillos americanos y las medias “de cristal”, artículos que garantizaban entonces una intensa vida social. Así, en un cóctel en Puerta de Hierro, conoció a Luis de Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, nada menos que el segundo Conde de Romanones, título creado ex profeso para su padre quien fuera uno de los políticos más influyentes de la primera mitad del siglo XX español. En 1947, contrajeron un feliz matrimonio que duró 40 años.

En la última década, la neoyorquina condesa ha publicado tres novelas basadas siquiera parcialmente en su extraordinaria biografía y el mundo del espionaje, a lo largo de la cual conoció a personajes tan notables como los presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan, el terrorista internacional “El Chacal” y actrices como Ava Gardner o Audrey Hepburn.

Entre las numerosas fincas que poseían los Condes, la condesa se fijó para su actividad emprendedora en una que pertenecía a la familia Figueroa desde 1232, sita en el corazón de la dehesa extremeña y que destacaba desde siempre por una rica actividad ganadera. Allí las mujeres de los pastores elaboraban desde tiempo inmemorial queso para conservar la leche sobrante de sus ovejas y poder completar la escasa dieta de sus familias. Con el tiempo habían perfeccionado recetas y técnicas al punto de competir entre ellas por conseguir las mejores piezas, logrando conservar el queso durante meses en primitivos chozos de piedra que todavía hoy salpican el verde paisaje.

La espía-condesa quedó prendada del lugar “por su rica tradición, valor histórico y ecosistema único” y desde entonces se dedicó activamente a “preservar este patrimonio natural y cultural” entre otras cosas impulsando la producción de quesos de alta calidad bajo la firma de Finca Pascualete. Cuando en 1963 las primeras máquinas agrícolas llegaron al campo, en esta finca se siguió haciendo a la manera tradicional: con mimo, leche pura de oveja y de forma artesana, sobre la base de una materia prima excepcional.

Y es que el lugar tiene alicientes de sobra para atrapar al visitante, situado cerca de la ciudad cacereña de Trujillo, cuna de personajes como el conquistador Pizarro, en medio de la hermosa dehesa extremeña y abrazada por los ríos Tamuja y Magasca, entre los bosques de encinas, alcornoques, jaras, zarzas y los aromas naturales de enebro, tomillo y romero se encuentra este enclave idílico para la crianza de rebaños de ovejas merinas alimentadas de forma natural, que dotan así su leche de un amplio espectro de notas aromáticas cuajadas de sabores campestres.

El actual equipo profesional de Finca Pascualete, formado por una veintena de personas y que ahora recoge los más prestigiosos galardones internacionales, sigue trabajando de manera artesanal y totalmente ecológica, incorporando los mecanismos de control más modernos para asegurar la calidad del producto y con la guinda final de un packaging elegante y funcional que renuncia a los materiales artificiales y a la vez preserva eficazmente el contenido.

En definitiva, un producto de lo más recomendable que hace la delicia de los amantes de pequeños manjares producidos de manera totalmente ecológica y que conservan sabores netamente camperos y naturales. Perfecta aportación para un pequeño picnic en el campo o como tapa urbanita para compartir entre amigos o con la familia. Os sorprenderá lo rápido que desaparecen estos mini quesos de lujo en cuanto se los ofrezcáis a las visitas. Aquí hay un directorio de locales que disponen de ellos.

Fincas Pascualete
Pol. La Dehesilla
10020 Trujillo (Cáceres)
927 320 851
 

¿Conoces algún otro queso ecológico y de gran calidad? ¿Te interesa comentarnos algún producto de estas características? Te invitamos a hacer tus aportaciones en los comentarios o bien poniéndote en contacto directamente con nosotros.

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2 respuestas a El pequeño queso que compite con los más grandes

  1. Impresionante el queso, e impresionante relato.. Lo compraremos!!

  2. Pingback: El pequeño queso que compite con los más grandes

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