Cuatro de #FIFTY: – Rillette de salmón con ensalada de hinojo

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Caía el año 1970 y había acompañado a mi padre al condado de Kerry para verle competir en los campeonatos del mundo de vela de la clase Fireball. Hoy en día no conservo muchos recuerdos de la semana que pase en aquel pueblo, pero aun me queda grabado el incesante sonido de drizas metálicas golpeándose contra los mástiles de los cientos de veleros amarrados en el puerto; el escozor de la lluvia helada que día tras día me salpicaba la cara mientras observaba las regatas desde un muelle sacudido por el viento, y el inmenso placer de poder saborear por primera vez en mis ocho años de vida, un buen bocado de salmón salvaje fresco. Leer más

Helado de fresas con nata

Mayte G

Todas la gavetas de abril se han abierto tras la llega de  la primavera.  Cada color ha decidido salir a dar vuelo libre a las emociones, que se dibujan serenas y delicadas,  en los días que corren  llenos de calor por  la memoria, bronceando  de ilusiones la piel, que de a poco va dejando el letargo que la marea le provoco en la oscuridad.

El rumor de las emociones que van dejando sus latidos en cada paso,  teje lazos imperceptibles entre las miradas,  que cómplices se anudan profundamente al bolsillo de fantasías, de deseos pedidos bajo una estrella fugaz, que se ha robado la luna bajo un abrazo. Leer más

Nuestro Calendario Abril – 2014

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“En abril aguas Mil” – (Antonio Machado)

Un mes de extremos, un mes de contrastes, con sus dias de frio y días de calor. Días de sol brillante y de cielos grises, días de lluvias intensas y de vientos duros, pero también días pintados en vivos colores. Si anduviéramos sin prisas, si tomáramos nuestro tiempo, si nos molestáramos en solo bajar el ritmo de vez en cuando, podríamos observar cómo se despierta el esplendor de una nueva vida delante de nosotros. Pero sin duda alguna Antonio Machado lo expresa mejor que nosotros: Leer más

Tres de #FIFTY: – Ensalada de huevo con espárragos trigueros a la brasa

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Como cada vez que íbamos de picnic, mi madre ya estaba de los nervios. Llevaba diez minutos esperándome fuera en el traveller cargado hasta las trancas de tupperes de comida, mantas que picaban, balones de plástico medio deshinchados, mesas retractiles de aluminio con tapa de PVC, cubos de colores y palas de madera para hacer castillos de arena, el viejo radio transistor VHF Bush con su dial de cristal redondo, los cuatro perros, y un hueco tan diminuto en el asiento delantero que casi no cabía yo.

Sólo me quedaba lavar los pinos, vestirme, salir corriendo y ya estaríamos de camino a pasar el día al lado de las orillas del estuario de Malahide. Un recorrido de media hora por la carretera secundaria que serpenteaba paralela a la costa, el aire primaveral con aroma a salitre filtrando por la ventanilla de detrás, un cielo azul sin nubes en el horizonte, mi madre luciendo gafas de sol tipo ojo de gato con armazón de pasta negra, el último éxito de Tom Jones sonando en la radio, las demás madres sufridas y mis amigos del barrio a la espera cerca del agua, y yo, como dicen por estos lares, “feliz como una perdiz”. Estos son los recuerdos que me traen una simple ensalada de huevo. Leer más